
Con el alma suspendida en las manos se detiene la tormenta del corazón…
el amor es agonía perpetua en la mirada,
y los vacíos se consumen las palabras,
el llanto matinal de la vida misma,
las penas que se trasladan una tras otra,
mientras contemplo absorto,
perdido,
distanciado de mí mismo,
aquella avecilla en la repisa de la ventana,
¡sola!,
triste,
a medio morir…
el amor es agonía perpetua en la mirada,
y los vacíos se consumen las palabras,
el llanto matinal de la vida misma,
las penas que se trasladan una tras otra,
mientras contemplo absorto,
perdido,
distanciado de mí mismo,
aquella avecilla en la repisa de la ventana,
¡sola!,
triste,
a medio morir…
Antes eran dos…
ahora sólo queda una,
y en su pena se contempla tras las alas el vuelo marchito de su historia…
el vagabundo pordiosero que se lanza a la deriva,
para explorar tras nuevos corazones aquella sensación
que retorna a la muerte,
para nunca más levantarse…
Sin nada…
sin nada yace la vida misma tras los cristales de la mirada,
empañados con la lluvia pasajera,
de la oscuridad gris que se muerde en los residuos del ser
para no estallarse en avalancha imparable…
Desierto de sombras y nostalgias…
Soledad que reclama las veces que se aferran al ser
las ocasiones para sentir que vive…
Al final,
nada y palabras son la misma cosa…
Por un momento me reservo el olvido…
Muchas gracias eternidad,por haber vivido…

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